Si alguna vez os habéis puesto delante de Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado, habréis mirado hacia dentro del cuadro, hacia la infanta Margarita y el perro tumbado en primer término, hacia la puerta abierta del fondo por la que asoma un hombre a contraluz, y hacia ese lienzo enorme del que Velázquez solo nos deja ver el revés. Quizás no sepáis que el borde, la moldura negra y ancha que sujeta la tela, tiene ficha de catálogo propia.

El Museo dio de alta la pintura en inventario con el número P001174 y la moldura con el número M000516, como si fueran dos obras distintas, y hasta cierto punto lo son, porque la ficha del marco viene con su propio fabricante, la Casa Cano, taller de los Hijos de José Cano; con su propia técnica, tallado, ebonizado y ensamblado a caja y espiga; con sus propias medidas, 366 x 324,5 centímetros de fuera a fuera, una moldura de 23 centímetros de ancho y 14 de fondo; y con su propia fecha, que es 1928. Trae además algo que rara vez se encuentra en una ficha: una explicación de por qué se eligió esa moldura y no otra.
De las cuatro enmarcaciones que el Prado da por documentadas, la primera la conocemos por el inventario de 1666, que describía el original como un marco de talla dorado. La segunda llegó tras el incendio del Alcázar: un modelo Calleja, y con él entró el cuadro en el Museo. A finales del siglo XIX se cambió por un Marquina, y en 1928 se encargó a la Casa Cano el que sigue puesto hoy.
Lo que se encargó entonces fue un marco de rizo holandés, con el acabado que el Prado describe como de tipo flammleiste, una ornamentación a base de ondas y ajedrezados propia de los marcos negros de ébano del norte de Europa del siglo XVII. Esas ondas, en los originales de ébano, no se tallaban a mano, sino que se sacaban con máquinas que iban rebajando el ébano a cuchilla hasta dejar el ondulado característico, y durante los siglos XIX y XX el modelo se reprodujo en maderas más blandas. El del Prado es uno de esos casos: madera blanda ebonizada, imitando el ébano.
Aquel tipo de moldura fue habitual en las estancias cortesanas españolas del siglo XVII, y la ficha señala dónde podéis comprobarlo sin salir del propio cuadro: en los marcos de las pinturas de Martínez del Mazo que cuelgan al fondo de la habitación que Velázquez estaba pintando. La conclusión el Museo la deja en condicional: posiblemente esa fuera una de las razones por las que se eligió esta moldura para reenmarcar la pintura.
Es decir, que si la ficha acierta, en 1928 alguien miró la pared del fondo del cuadro, vio cómo estaban enmarcados los lienzos que Velázquez pintó allí colgados y mandó hacer algo parecido para el exterior. De las cuatro enmarcaciones documentadas, esa es la que a mí me parece la decisión más interesante del expediente.

En esa pared cuelgan dos lienzos grandes y oscuros, casi ilegibles a la distancia a la que se mira el cuadro, y suele decirse, y así lo recoge la Enciclopedia del Prado, que son copias de Rubens y de Jordaens hechas por Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno y discípulo de Velázquez: Palas Atenea y Aracne por un lado, y Apolo vencedor de Pan por otro (pintura que podemos ver más abajo). Con uno de los dos el Museo se compromete del todo; con el otro, no tanto. La ficha de la copia de Mazo lo dice sin rodeos: es el único cuadro que se identifica con seguridad entre los que se ven en Las Meninas, y el inventario de Palacio confirma que es ese ejemplar.
En este mismo blog se daban por identificados los dos en 2012. La ficha del Prado, hoy, solo firma uno.
Con el otro se queda uno exactamente donde se queda el Museo, con una imagen y sin un nombre que ponerle con certeza, y nadie va a colgar una cartela al fondo de un cuadro. Chiaro parte de ese apuro: basta una foto de la obra que se tiene delante para que la aplicación la identifique, sin escribir el título ni el nombre del pintor, y desde ahí su audioguía del Museo del Prado responde preguntas sobre esa obra concreta.
El original que Mazo copió es un Jordaens de 1636-1638, pintado para la Torre de la Parada, el pabellón de caza del monte de El Pardo que Felipe II había levantado en el siglo XVI y que Felipe IV decidió reformar y ampliar. Aquel fue el mayor de los proyectos que Rubens recibió de Felipe IV en aquellos años, y el propio pintor lo repartió en varios grupos, de los que el suyo consistía en sesenta y uno o sesenta y dos cuadros de asuntos mitológicos tomados en su mayoría de Ovidio, terminados en enero de 1638 y enviados desde Amberes a Madrid el 11 de marzo, donde ya estaban el 1 de mayo; a la decoración del edificio contribuyó también Velázquez con algunos cuadros. El Jordaens mide 180 x 270 centímetros y la copia de Mazo 181 x 225, cuarenta y cinco centímetros más estrecha. Las fichas dan los dos como no expuestos.

Las Meninas de Velázquez no se llamaron así hasta 1843
El título es otro añadido tardío, y en este punto la Enciclopedia del Prado, en la voz firmada por Francisco Calvo Serraller, sigue el rastro documento a documento. En el inventario del Alcázar de 1666 el cuadro figura como Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana, fórmula que reaparece en los inventarios sucesivos hasta 1700. Después del incendio del Alcázar, en la Nochebuena de 1734, se le cita como La familia del Señor rey Phelipe Quarto, y ya en el nuevo Palacio Real se le llama unánimemente La familia. El nombre con el que lo conocemos hoy no aparece hasta 1843, en el catálogo del Museo del Prado redactado por Pedro de Madrazo.
Para la palabra en sí, Calvo Serraller acude al Tesoro de la Lengua Castellana de Sebastián de Covarrubias, publicado en 1611, donde se lee: "Menino. El pagecito que entra en palacio a servir, aunque de poco, al príncipe y a las personas reales. Éstos son de ordinario hijos de señores. Es nombre portugués, y de allá se devió introduzir; y díxose menino de meu nino, que quiere dezir mi niño, si no queremos que se diga de mínimo, por ser pequeñitos".
De quiénes eran esos hijos de señores, y de quiénes son los once personajes del lienzo, salvo el guardadamas, que sigue sin nombre, ya se ocupó en su día este mismo blog en las Curiosidades sobre el cuadro de Las Meninas de Diego Velázquez, así que no lo repito aquí.
Queda el dato que cierra el expediente. La ficha del Museo da hoy para el lienzo 320,3 centímetros de alto por 279,1 de ancho. El cuadro ingresó en el Prado en 1819, se restauró en 1984 en el taller del propio Museo bajo la dirección de John Brealey, del Metropolitan de Nueva York, y salió de aquella revisión con una buena noticia, porque el incendio de 1734 no pareció afectarle. Hoy se expone en la sala 012, y el marco de 1928 figura en esa misma sala con su número de catálogo aparte. Un cuadro que representa el Cuarto del Príncipe del Alcázar lleva casi cien años dentro de una moldura que posiblemente se eligió, entre otras razones, por parecerse a las que se pintaron en esa habitación.
Créditos de imagen
- Imagen 1: Fale - Spain - Madrid - 75.jpg, por Fabio Alessandro Locati, Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0
Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Fale_-_Spain_-_Madrid_-_75.jpg - Imagen 2: Las Meninas 01 rotated frame.jpg, obra de Diego Velázquez, Museo Nacional del Prado, Wikimedia Commons, dominio público
Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Las_Meninas_01_rotated_frame.jpg - Imagen 3: Jacob Jordaens - Apollo as Victor over Pan, 1637.jpg, obra de Jacob Jordaens, Museo Nacional del Prado, Wikimedia Commons, dominio público
Archivo: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Jacob_Jordaens_-_Apollo_as_Victor_over_Pan,_1637.jpg
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